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¡Hasta siempre, Forges!

Hemos amanecido hoy con la tristísima noticia del fallecimiento de Forges. En UniCo le estaremos eternamente agradecidos por habernos regalado...

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El ‘Diccionario’ y sus polémicas

No es oro todo lo que reluce, ni toda la gente errante anda perdida. (J. R. R. Tolkien)

En muchas ocasiones, soy testigo de cómo profesio­nales y legos en esto de la lengua ponen a la ínclita Real Academia Española a caer de un burro por tener demasiada «manga ancha» a la hora de admi­tir según qué términos en su Diccionario.

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Horror en el hipermercado

Aunque este que les habla sea un superhéroe justiciero con capa y antifaz, también tiene necesidades tan terrenas como dormir y, sobre todo, comer —esta vista de lince y este olfato para la caza de erratas necesitan algo más que lecturas—.

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Adiós a marzo y abril

Marzo llegó cargado de trabajo y… un nuevo socio de honor

El pasado mes de marzo, UniCo celebró su asamblea general ordinaria. En un lluvioso día, los socios de UniCo que asistieron a esta convocatoria anual (algunos de los cuales aprovecharon el día anterior para tomar parte en la visita organizada por UniCo a la exposición La Villa de los Papiros, en la Casa del Lector) debatieron y aprobaron los diferentes puntos de las actas y, además, fueron informados del resultado de la encuesta donde se elegía al Socio de Honor de 2014: el escritor y académico jienense Antonio Muñoz Molina.

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La Casa del Libro no lee

Este corrector dizque justiciero quiere hacer constar desde el frontispicio, como diría un orador de pueblo y más de oídas que de leídas, que no tiene ningún parentesco con quien pilota como se va viendo, y por lo que se lamenta, bien a su pesar, la muy lastrada nave de marca, ante todo marca, que quieren que sea España. Y lo dice porque puede dar la impresión de que anda adormeciéndose, indolente y ausente, por las esquinas —al menos no va enrabiándose por las mismas, y valga la tan tonta como ubicua excrecencia a la moda, para que se vea el horrible efecto—.

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La cosa de Orange

¡Qué venganza más esperada y no precisamente fría! Los inquietos responsables de comunicación de Orange —todos los que se encargan de ese mercado parece que han de serlo, como inquisitivos y discretos los espías de toda laya— van a recibir con esta entrega lo que ellos endilgan al común de los mortales (menos a Javier Marías, claro, que abomina de artilugios tales, encastillado y displicente en su Reino de Redonda) cuando nos bombardean con sus tarifas, cada una con sus condiciones y exclusiones e infinidad de letra pequeña de verdad que nadie tiene tiempo ni ganas de leer.

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“El Mundo” y la “pelontología”

Voy a tratar de ser como ese maestro de la canela fina que es LMA, periodista —siempre a vueltas con su «ABC verdadero»— y académico (si bien siamés, pues entró en la docta casa de la calle de Felipe IV en la misma tacada que su rival y ‘paisano’ JLC, supongo que para equilibrar: la física de los medios), siempre tan elegante y atildado (no se vaya a pensar mal, que lo digo por haber eliminado la tilde de su apellido), aunque me imagino que no voy a pasar de la fórmula de entrada: tengo para mí que si bien (parece ser un hecho que) ya no hay correctores con piernas en los periódicos, los correctores con piernas (está claro que) se divierten con los periódicos.

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En “El País”, la portada, inmaculada, o no…

Como siga esto así, estos atribulados uniqueros que me han dado vela —porque la cosa se va pareciendo a un entierro… de la corrección— e imagen, y que ahora pasean tan contentos por tazas e imanes como si de un ídolo se tratase, me van a tener que incluir en plantilla, porque ya van peligrando mis facturadas matrices, exiguas en todo caso. Porque Erasmo Cejota ante todo es corrector, de los de facturar (poco) por matrices. Lo de «justiciero» es un atributo más bien pintoresco, como la capa forgiana, y que le hace poca justicia en honor a la verdad.

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“La Vanguardia” y su “Dinero”

Quieren los que pueden que me traslade, con mi capa y caperuza de colorado subido y esas antenas con las iniciales que dan nombre a mi atribulado ser, a Cataluña. Y no porque allí estén en pleno proceso electoral, que valiente crónica podría pergeñar, sino porque en uno de sus diarios señeros –palabra que les ha de ser simpática a los catalanes que hablen castellano, aunque hasta sueñen y canten en la ducha en catalán, porque está muy próxima al siempre alabado seny o a la ahora agitada como nunca senyera, estrellada o no– se ha encontrado caza para esos cazadores inasequibles al desaliento que los ‘uniqueros’ son, o están (aquí vendría de perillas, si es que todavía se entiende la locución, ese recurso tan caro a los anglosajones de plantar una raya y quedarse tan anchos y ni preocuparse de cerrarla).

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