Blue Monday para correctores: manual básico de supervivencia editorial

Foto: RDNE Stock project (Pexels)

Dicen que el tercer lunes de enero es el Blue Monday, el día más triste del año. Yo no sé quién hizo el cálculo, pero sospecho que no trabajaba corrigiendo textos.

Desde luego, los correctores tenemos algo muy claro: la tristeza no se concentra en un lunes concreto, sino que se reparte generosamente a lo largo del año, sobre todo cuando enero llega cargado de buenas intenciones y textos imposibles.

Si estos días notas el ambiente un poco sombrío, no estás solo. Por eso, he decidido anticiparme al Blue Monday y dejar aquí este manual básico de supervivencia editorial contra la tristeza, probado en múltiples campañas, cierres de trimestre y documentos «urgentes pero breves» que nunca fueron ninguna de las dos cosas.

Regla n.º 1: asumir que enero no es un mes, sino un estado de ánimo

Enero es un mes que se hace eterno y pesado. Además, trae consigo textos escritos con la resaca conceptual de diciembre y las prisas del nuevo presupuesto anual.

Mi primer consejo es aceptar la realidad: en textos que no fluyen del todo, toca respirar y ajustar expectativas. Y, una vez definido el punto de partida, ponerse a trabajar.

Regla n.º 2: asumir que enero es el mes de los textos heredados

Enero no es creativo; más bien suele ser el mes de los documentos parcheados, el reciclaje de versiones y la escritura por capas, a modo de cebolla editorial. El corrector entra ahí no para embellecer, sino para detectar las incoherencias acumuladas.

Regla n.º 3: recordar que el corrector no arregla estados de ánimo

Ni del autor, ni del equipo ni del cliente. El corrector trabaja con palabras, no con frustraciones. Por eso, cuando un texto llega torcido por motivos externos, lo máximo que puede hacer es evitar que eso se note en la página y lidiar como buenamente puede con el ánimo del remitente. Y eso ya es bastante.

Regla n.º 4: no confundir continuidad con coherencia

Muchos textos de enero continúan lo anterior por pura inercia. Sin embargo, que apuesten por la continuidad no siempre significa que encajen a la primera.

El corrector debe distinguir entre continuidad y coherencia; así, debe revisar si el texto sigue teniendo sentido en el nuevo contexto o si simplemente arrastra formulaciones que ya no responden al propósito actual.

Regla n.º 5: identificar cuándo el problema es estructural, no lingüístico

Algunos textos llegan a la fase de corrección con frases aceptables, pero con una organización que no se sostiene, repleta de ideas mal jerarquizadas, información repetida o apartados que no encajan.

Todo corrector que se precie sabe reconocer —no solo en enero— esos fallos de arquitectura y advertirlos, incluso cuando el encargo solo pedía una corrección ortotipográfica. Otra cosa muy distinta es que se preste a solventarlos por la misma tarifa, claro. Que aquí somos correctores hermanos, pero no primos.

Regla final: confiar en el oficio, incluso en lunes grises

No sé si enero es el mes más triste del año, pero sí sé que pone a prueba los textos y a quienes los cuidan.

Aun así, seguimos leyendo con atención, tomando decisiones invisibles y haciendo que los textos funcionen cuando nadie más quiere mirarlos. No es épico ni rápido, pero es oficio puro. Y, cuando llegamos al final después de haber hecho bien nuestro trabajo, no hay Blue Monday que pueda con nosotros.

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