El gran error: pensar que una sola corrección es suficiente

Foto: İrem Karakaş (Pexels)

Volví de mi descanso de Semana Santa con la firme intención de reincorporarme poco a poco y de concederle al mundo —al menos durante unas horas— el beneficio de la duda.

Sin embargo, a media mañana, en una conversación aparentemente inocente, alguien comenta que le habían enviado un texto que ya estaba «revisado» y que, en principio, no debería necesitar nada más. Como si una sola lectura bastara.

Conviene decirlo sin dramatismos, pero alto y claro: una única corrección no es una corrección en sentido pleno. Es, en el mejor de los casos, una primera aproximación. El problema no es tanto que falten manos como que faltan fases, y eso no es un matiz técnico: es lo que marca la diferencia entre un texto aceptable sin más y un texto que realmente funciona.

Un texto no se mejora de una sentada; se trabaja por capas.

La primera corrección que se lleva a cabo es la corrección de estilo, que permite comenzar a afinar el lenguaje. Aquí se ajusta la sintaxis, se matiza el léxico, se eliminan repeticiones innecesarias y se busca una fluidez que no siempre aparece en la primera redacción.

La corrección ortotipográfica viene después y es, paradójicamente, la más reconocible y a la que suele reducirse nuestra labor profesional en el imaginario común; en realidad, revisar la ortografía, los usos tipográficos o la puntuación, entre otros aspectos, es solo una parte del proceso.

Por último, están las pruebas, esa última lectura que no mejora el texto, sino que comprueba que nada se haya descolocado por el camino, que ningún cambio haya provocado otro problema y que todo siga en su sitio.

Pensar que todo esto puede hacerse en una sola pasada equivale a suponer que todos los problemas se presentan al mismo tiempo y que la atención puede abarcarlo todo sin perder nada por el camino. No funciona así; cada lectura busca cosas distintas y exige un tipo de atención diferente. No se puede ver todo a la vez.

Por eso, cuando un texto se da por «corregido» tras una única lectura, lo que en realidad sucede es que hay partes del proceso que no se han hecho. No es necesariamente un problema, siempre que se asuma; lo que ya resulta más difícil es esperar un resultado perfecto si se prescinde de alguna etapa.

Después de unos días de descanso, uno vuelve con la tentación de ser indulgente. Con todo, hay cosas que conviene seguir recordando, incluso con el café aún caliente: una sola corrección no basta. Y el texto, tarde o temprano, lo acaba dejando claro.

Publicaciones Similares