LIBER: corrección, cafés y mucho de qué hablar

Imagen: Liber

Lo confieso: me encantan los congresos. Desde luego, por el madrugón o por la odisea de llegar al pabellón correcto si se celebran en IFEMA ya os digo que no es; me gustan porque, durante unos días, la corrección sale de su cueva, se pone las gafas de ver de cerca y se mezcla con el resto del sector editorial. Y eso siempre da juego.

Este año he vuelto a LIBER, la feria internacional del libro. Han sido tres días intensos de charlas, presentaciones, reencuentros y descubrimientos. En cada pasillo, una editorial que no conocía; en cada mesa redonda, una idea que merece quedarse rumiando; en cada pausa para el café, una conversación que te recuerda por qué haces lo que haces.

Lo que me llevo en la libreta (además de nombres y correos)

  1. La corrección sigue viva y coleando.
    Pese a los rumores y a los algoritmos, la profesión está más presente que nunca. No hay charla sobre edición o IA en la que no aparezca la palabra «criterio». Y eso, amigas y amigos, es música para mis oídos de corrector.
  2. El poder de la comunidad.
    A veces la corrección puede parecer un oficio solitario, pero basta una feria como esta para comprobar que somos legión. De repente, me encuentro frente a personas que hablan de mayúsculas con la misma pasión que otros lo hacen sobre alineaciones o fichajes de fútbol. Personas que entienden lo que significan «coherencia» y «cohesión»; personas con las que compartir inquietudes y anécdotas, hablar de condiciones y tarifas, y quizá sentar las bases de una futura colaboración.
  3. El valor de escuchar.
    Ir a LIBER no es solo hacer acto de presencia. Para sacarle verdadero partido, hay que escuchar lo que se mueve en el sector, lo que preocupa y lo que cambia. Se trata de entender hacia dónde van los libros, las editoriales y los lectores. Y, con ello, hacia dónde debemos ir también quienes los cuidamos palabra a palabra.

Mi conclusión, con tilde y sin IA

Volver de un congreso así siempre deja una sensación curiosa: cansancio en los pies, pero entusiasmo en la cabeza. Uno sale con ganas de seguir aprendiendo, defendiendo el oficio y recordando que la corrección no es un trámite que deba automatizarse sin más, sino una forma de amor por los textos (aunque a veces ese amor incluya una buena dosis de paciencia y un par de tazas de café).

LIBER, como todos los encuentros del gremio, me recuerda que detrás de cada signo de puntuación bien puesto hay una persona que se preocupa. Y que, aunque los algoritmos corrijan rápido, nosotros seguimos corrigiendo con sentido.

Nos vemos en el próximo congreso. Prometo llevar bolígrafo, libreta y ganas de conversar… aunque es posible que no caigas en que tienes delante al Mítico Corrector Justiciero. Ni falta que hace.

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