La Noche de San Juan: quemar para construir

Foto: Nick Wehrli (Pexels)

Me han invitado a celebrar la Noche de San Juan en una localidad costera del sur. La noche promete —además de amistad— hogueras, música, gente que se tira al mar a medianoche y una energía que no se puede describir sin haberla vivido.

Mientras voy en el tren, tratando de no prestar demasiada atención al señor que habla por teléfono a voz en grito a la vez que introduce anglicismos innecesarios en cada frase, reflexiono sobre lo que tiene en común esta noche con mi profesión.

La noche de San Juan es tradición. Sin embargo, nadie la celebra exactamente igual que hace cien años. La música ha cambiado, los rituales se han mezclado e incluso, en ciertos casos, se han incorporado costumbres de otras culturas que la han hecho más rica. Para conservar las tradiciones, lo suyo es vivirlas y no tratar de meterlas en una vitrina —real o virtual— en la que admirarlas sin tocarlas.

Con respecto al fuego, este no es solo símbolo: es el centro de la noche. Se enciende para purificar, para soltar lo que ya no sirve. En muchos lugares la gente escribe en un papel lo que quiere dejar atrás y lo echa a las llamas. Me parece una costumbre preciosa, porque reconoce algo que nos cuesta admitir: que a veces hay que quemar para poder construir.

Con la corrección pasa igual. Hay quien defiende esta profesión como si fuera una reliquia que hay que proteger del polvo y del tiempo; como si la clave fuera resistir, aguantar y no ceder. Por desgracia, eso no es defender nada: es momificarlo.

Yo defiendo la corrección porque amo y respeto el lenguaje; porque entiendo lo que le hace a un texto una coma mal puesta, un registro equivocado o una ambigüedad que nadie detectó. Porque sé que detrás de cada texto hay alguien que quiere comunicarse bien y merece que alguien lo ayude a conseguirlo.

Y, si para eso hay que soltar algunas costumbres que ya no funcionan, pues se sueltan. Se echan al fuego y se construye desde ahí, con criterio y oficio.

No lo hago por costumbre. Lo hago porque creo en ello.

La tradición que vale la pena mantener no es la que se aferra al pasado desde el inmovilismo. Es la que entiende por qué nació, quema lo que sobra y vive el presente sin perder de vista el legado.

Feliz Noche de San Juan.

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