Tipos de correctores (2)

Foto: Ron Lach (Pexels)

Decía yo el año pasado que hay tantos correctores como textos (y que podría seguir nombrando tipos). Pues nada, ha llegado el momento de hacerlo. Aquí van unos cuantos ejemplares más de mi colección particular, fichados a lo largo de este año en encargos, foros, listas de correo e, incluso, algún grupo de WhatsApp.

El cazador de anglicismos

Ve un «tengo feedback que darte» y se le tensa la mandíbula. Detecta un «vamos a testear esto» y respira hondo, cuenta hasta diez y propone «vamos a probarlo». No es que odie el inglés; más bien, le duelen los ojos cuando ve que se cuela por la puerta de atrás sin que nadie lo invite. Tiene una lista mental de calcos evitables que crece cada mes y la actualiza con la ilusión de quien colecciona cromos.

El comunicador nato

No deja nunca un cambio sin contexto ni un correo sin cerrar con «si te surge alguna duda, aquí estoy». Antes de entregar, ya ha avisado de por dónde van los tiros: «he tocado bastante el capítulo 3, no te asustes». No necesita que le pregunten para explicarse y, desde luego, eso evita más de un malentendido antes de que llegue a producirse. Para él, un texto bien corregido y una relación de confianza con quien lo escribió son, en el fondo, el mismo trabajo.

El diplomático de los cambios grandes

Cuando hay que decirle a un autor que un capítulo entero necesita reestructurarse, no suelta la bomba en la primera línea del correo. Empieza destacando lo que funciona, sigue con un «y para mejorarlo aún más…», y presenta la sugerencia como quien deja caer una pluma en el suelo, no un yunque. El texto se beneficia de su tacto y la autoestima del autor sale indemne.

El purista tipográfico

Sufre en silencio cada vez que ve una comilla recta donde debería ir una tipográfica, o un guion corto haciendo las veces de raya. Diferencia a ojo entre el espacio fino y el espacio irrompible, y no perdona que el corrector automático de Word le deshaga en un segundo lo que ha tardado media hora en dejar perfecto. Para él, la tipografía va más allá de la estética: es respeto por cómo se lee un texto.

El de la memoria de elefante

Lleva quince años trabajando para la misma editorial y se acuerda de que, en 2019, decidieron escribir wifi en redonda y en minúscula para toda la colección. No hace falta que nadie le pase el libro de estilo: es él quien recuerda su contenido a los demás a los demás cuando alguien se lo salta. Su cabeza es una base de datos con criterio incluido y hay clientes que le contratan justo por eso: no hace falta explicarle otra vez lo que ya decidieron hace media década.

Como ya dije, la lista no se acaba nunca, porque cada corrector es, en el fondo, una manera distinta de querer a la palabra escrita. Esa variedad, lejos de ser un problema, es la mejor prueba de que este oficio tiene mucha más profundidad de la que parece desde fuera.

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