Lo que deja 2025: palabras, oficio y memoria

Foto: Atlantic Ambience (Pexels)

El 31 de diciembre siempre me pilla en el mismo punto: mirando el reloj de antaño, como de año en año, y repasando mentalmente los momentos que más me han marcado en los últimos doce meses. Es una deformación profesional: es mi forma de revisar esta suerte de texto por corregir que ha sido 2025 y que se queda hoy listo para entregar. Y este capítulo que estamos a punto de cerrar ha dado para mucho, debo decir.

Ha sido un año en el que el diccionario ha vuelto a crecer. Se han incorporado palabras nuevas, se han consolidado usos y se ha dejado de mirar ciertos términos con desconfianza; ahora ya forman parte del acervo común. Algunas de estas palabras han llegado desde la tecnología, otras desde la vida cotidiana y otras —cómo no— desde ese territorio híbrido donde el inglés y el español conviven, se rozan y a veces se empujan sin demasiado miramiento. Como corrector, lo celebro y lo observo con atención: la lengua cambia, pero no a golpes; evoluciona con matices, contexto y criterio. Y ahí seguimos estando nosotros.

También ha sido el año de mis vacaciones spanglish en la playa. Lo confieso: hubo días de relax, de sand everywhere y de escuchar conversaciones en las que me costaba distinguir la lengua en la que se hablaba. Tomé notas mentales, claro; incluso cuando descanso, el idioma no descansa conmigo.

2025 será recordado también por aquel apagón que dejó a España entera a oscuras y la llevó a improvisar conversaciones analógicas. Yo reaccioné poniendo mis recursos al servicio de quienes los necesitaban y confirmando lo que ya sabíamos: cuando falla la tecnología, lo que queda es la palabra. La dicha. La hablada. La compartida. La humana.

Este año he vuelto a cruzarme con colegas en congresos, encuentros, ferias profesionales y jornadas; espacios donde no solo se habla de corrección, sino de oficio, de dignidad profesional y de futuro. Donde se debate, se discrepa y se aprende, porque corregir no es una tarea solitaria, aunque a menudo se ejerza en silencio.

Y, cómo no, 2025 ha sido el año en el que hemos celebrado —y recordado— los veinte años de UniCo. Han sido dos décadas defendiendo la corrección como parte esencial de la cadena editorial, haciendo visible lo invisible, poniendo palabras donde otros solo ven erratas y sosteniendo una profesión que no hace ruido, pero deja huella. He tenido el privilegio de mirar atrás en nuestra hemeroteca, así como de recordar hitos, aprendizajes y pequeñas grandes victorias. Y de confirmar que seguimos aquí. Corrigiendo. Con criterio, ética y oficio.

Termino este año con la certeza de que elegir las batallas sigue siendo parte del trabajo. No se corrige todo ni se entra en discusiones solo por llevar razón. Aun así, eso no significa rendirse, sino saber cuándo intervenir, cuándo acompañar y cuándo dejar que el texto respire antes de tocarlo.

Así que quiero proponer un brindis. Por las palabras nuevas y por las de siempre. Por los textos bien cuidados. Por quienes leen entre líneas. Y por quienes, desde hace veinte años, saben que corregir no es corregirlo todo, sino hacerlo mejor.

Feliz 2026.

Publicaciones Similares